lunes, 26 de enero de 2009

No me arrepiento de haberte querido con los ojos cerrados, ciega a tus defectos y palpando trazo a trazo y una a una tus virtudes. Recorriendo con los dedos cada gota de sonrisas y de abrazos, e ignorando cada curva de tus dudas y silencios. Mi ceguera me volvió inconsciente y no concibo amar de una manera distinta. No me arrepiento de los besos que me robaste ni de las lágrimas que te regalé. No me arrepiento de las caricias a oscuras sobre tu piel fría,de las miradas tristes que escondías sobre mis hombros, ni de los arañazos de tus palabras. Me volví generosa y no concibo amar de una manera distinta… Estando a tu lado aprendí que el único tiempo del amor es el presente. Aunque tú vivas a base de recuerdos y de miedos, no me arrepiento de haberte compartido con ellos. Contigo aprendí que el amor tiene mil caras y que ninguna de ellas es, probablemente, la correcta. Aprendí que el amor es siempre imperfecto e inestable y que cambia de color igual que el cielo a lo largo del día. Que se rige por sus propios estados emocionales y que no tiene dueño. Contigo aprendí que el amor puede hablar a través de silencios y esconderse en una mirada. Que puede existir sin que dos personas lo sepan y que puede quedarse dormido en los labios o en la huella de una caricia sobre la piel.